Ricky Martin: el arte de la reinvención eterna

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En su nuevo EP, el puerto riqueño desafía una de las leyes más básicas del funcionamiento de las caseteras, demostrando que los botones “pausa” y “rec” pueden funcionar simultáneamente.

En tiempos de cuarentena se habla mucho de reinventarse, y si hay un artista que sabe de ello definitivamente es Ricky Martin. Primero se alejó de las baladas y del pop tradicional, para comenzar su propia exploración con las percusiones afrolatinas: MaríaLa bomba y La copa de la vida; en estas dos últimas apoyado por la producción y los arreglos de Robi Draco Rosa. Saltó a la escena internacional con Livin’ la vida loca y consolidó algunos grandes éxitos de menor trascendencia: She Bangs, Private Emotion y Nobody Wants to be Lonely (con Christina Aguilera). Luego, tomó aire por unos años en el mercado latino (Asignatura pendiente, Todo queda en nada y Lo mejor de mi vida eres tú), para terminar aterrizando en los ritmos urbanos. Entonces pegó palazos como Frío (con Wisin & Yandel), La mordidita (con Yotuel, de Orishas); Vente pa’ acá y No se me quita (ambas con Maluma). 

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